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Sedición paliativa (Abril de 2005)
Nadie en este país puede permanecer ajeno al conflicto desatado recientemente en el Hospital de Leganés, en cuyas Urgencias, supuestamente se realizaba una práctica clínica inadecuada en materia de sedación paliativa. Las dimensiones del problema a estas alturas se ignora si son mayores por el hecho en sí mismo (con evidencias cada vez más débiles sobre la acusación original), o por las consecuencias de la instrumentalización política y mediática a la que está siendo sometido. Resulta asombroso que por una denuncia anónima basada en pruebas volátiles y subjetivas, se esté llegando a este paroxismo mediático y, además, se esgriman opiniones tan alegremente con tal de alimentar el enfrentamiento político, para recoger no se sabe muy bien qué frutos…Y, al final de este túnel, los pacientes, sus familia y los profesionales.
En este desgraciado trasunto, emergen a la superficie una serie de variables que tarde o temprano tenían que salir a la palestra…por la dificultad en contenerlas más tiempo. En primer lugar, mucha gente se preguntará qué hace un área de Urgencias ofertando la sedación paliativa como un servicio más…Los que conozcan las Urgencias, sabrán que la sedación paliativa es una más de las miles de grietas que estos servicios con capacidad multitarea, tapan a diario , asumiendo ineficiencias de otros servicios o niveles, porque son el punto final de muchas rutas sin solución.
¿Tendremos que esperar a otra “denuncia anónima” para que emerjan los pacientes crónicos que acuden diariamente a Urgencias porque no disponen de seguimiento adecuado en ciertos tramos horarios?¿O los pacientes que acuden periódicamente a transfundirse?¿O los mayores arrinconados en un pasillo, esperando esa cama que nunca llega de Medicina Interna?¿O los pacientes oncológicos en fase de tratamiento que a ciertas horas sólo pueden acudir a Urgencias cuando tienen un problema?¿O las intervenciones programadas que se hacen en quirófanos de urgencias?¿o los estudios preoperatorios de pacientes que ingresan para cirugía programada?...y así podría elaborarse una interminable lista de pequeñas grandes cosas que las Urgencias están amortiguando cada día en nuestro país.
En segundo término, existe una clara infradotación de servicios de Cuidados Paliativos en nuestro país. Es un fenómeno que no por más analizado, se ha resuelto. Las organizaciones de pacientes y las sociedades científicas claman por la resolución definitiva de este problema…que no es más que un síntoma de la clara orientación “curativista” y hacia lo “agudo” de nuestros servicios de Salud. Pero, desgraciadamente, en los medios sólo se está hablando de una muerte tranquila en servicios de Cuidados Paliativos, cuando, hay otro eslabón asistencial que invoca protagonismo en toda esta polémica: la atención domiciliaria a enfermos terminales. La posibilidad de que la familia y el paciente elijan dónde desea morir, con todas las garantías de minimización del sufrimiento, debe ser accesible a todos los ciudadanos, con mecanismos de coordinación entre los servicios de Cuidados Paliativos y los de Atención Domiciliaria, además de los de Atención Urgente en el Domicilio. Esta organización y disposición de los servicios es posible y se ha experimentado en algunos puntos de nuestro país, pero, no deja de ser otra experiencia más, que no llega a todos los ciudadanos sistemáticamente.
Por último, resulta paradójico que un servicio de Urgencias que guarda todas las precauciones éticas en este delicado asunto, que asume algo que está ahí y a lo que nadie daba respuesta, que aborda de forma estructurada y protocolizada algo que en muchas Urgencias es un área de gran variabilidad de prácticas, sea el que pague un precio tan alto.
En nuestro país, estaba a medio hacer la transición ideológica de profesionales y ciudadanos hacia modelos de atención basados en la toma de decisiones. Conviven médicos y enfermeras que orientan su práctica hacia este modelo y los que no lo hacen aún por falta de formación, recelo, creencias y mitos, etc. Existen pacientes que quieren participar en la toma de decisiones sobre su proceso, ejercer su autonomía incluso en estas situaciones . Después de este aciago episodio político, quién sabe cuántos años se retrasará esta transición: los unos por miedo y los otros por falta de confianza en su Sistema Sanitario Público. ¿Quién sacará beneficio de todo esto? Pacientes y profesionales, desde luego que no.
1 - Concejo Badorrey C. Implantación de un programa de calidad en un Servicio de Urgencias hospitalario. Rev Calidad Asistencial. 1997;12:241-256.
2 - Picaza JM, Serra-Prat M, Gallo P. El consumo de recursos de los enfermos oncológicos durante el último mes de vida: el papel de los PADES (Programa de Atención Domiciliaria y Equipos de Soporte de Mataró). Octubre 2000. [BR05/2000].
3 - Agra Varela Y, Sacristán Rodea A, Pelayo Álvarez M, Fernández J. Relación de la calidad de vida con diferentes modelos de atención domiciliaria en enfermos oncológicos terminales de un área sanitaria de Madrid. Rev Esp Salud Pública. 2003; 77(5): 567-579.
4 - Davis MA, Hoffman JR, Hsu J. Impact of patient acuity on preference for information and autonomy in decision making. Acad Emerg Med. 1999; 6(8):781-785.