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Promoviendo la autonomía del paciente mediante los Cuidados (octubre de 2004)
La autonomía es un concepto nuclear en nuestra profesión sobre el que ha orbitado casi desde sus albores la labor de los profesionales ligados e ella.
El cubrir, el suplir o completar la autonomía para garantizar la cobertura de las necesidades de la persona era y sigue siendo una parte muy importante de nuestro quehacer diario. Pero más allá de este enfoque “instrumental” la autonomía se encuentra inextricablemente unida al concepto de persona y al mantenimiento de su integridad, tanto física, como intelectual o moral.
La autonomía, la dignidad, la autoestima y el rol delimitan un campo de actuación, para el que –posiblemente- contamos con escasas herramientas, y que requiere de una sensibilidad que no hemos desarrollado plenamente.
El mantenimiento de la autonomía, su tratamiento, no solo requiere de la intervención correcta, su “dosis” y “posología”, sino de aquella que a su vez se acomode a la experiencia vital de la persona, a sus objetivos, deseos o preferencias.
El Cuidado es una compleja construcción en el que ambas partes se implican para solucionar situaciones que a los dos atañen (cuidador y cuidado) y cuya culminación a ambos beneficia.
La autonomía, definida en una de sus acepciones como: ”Condición del individuo que de nadie depende en ciertos conceptos”, se convierte así en nuestra estrella polar, los cuidados pretenden “capacitar” a la persona, en una situación tan invalidante como la enfermedad –sobre todo en nuestros entornos-, para que no dependa de nadie o lo haga en la menor medida.
Este desafío cuidador que implica a profesionales y los reorienta hacia el ciudadano, como ente complejo y con capacidad de decidir, nos obliga a entender nuestra labor desde otra perspectiva, más cercana al Caring, donde nuestro papel, de manera paulatina, pasará del proscenio a las bambalinas, del protagonismo a la dirección.
Hemos de luchar por mantener el mayor grado funcional a todos los niveles, tanto a nivel del individuo como a nivel familiar o comunitario, y ello se cimentará en una nueva ubicación del profesional, no frente al ciudadano, sino junto a él, la asesoría, el desarrollo de entornos comunicativos, los cuidados centrados en el ciudadano y sus problemas, y su inclusión como “orientador” de las políticas y directrices organizativas son el reto que mediante el fortalecimiento de su autonomía se nos plantean a las enfermeras.
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