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Podar o talar, cuestión de gestión clínica
Podar o talar, este es el dilema. Y para apostillarlo podemos escuchar lo que dicen aquellos que tiene la responsabilidad de abordarlo, o sea los políticos. Así el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida, lanzó ayer un aviso a navegantes al afirmar que el sistema sanitario no es sostenible en los términos actuales, por lo que hay que “repensarlo“ para ofrecer a los ciudadanos lo que es un derecho de manera distinta a lo que se está haciendo. En su opinión, “no es útil esconder la cabeza debajo del ala“, ya que si esto continúa así se dispondrá de un sistema insostenible (El Correo, 9 junio).
Y en esto nos cae encima el Borrador del Proyecto de Decreto de Ordenación y Regulación de la Gestión Clínica en el Servicio Andaluz de Salud.
¿Qué podemos pensar aquellos que pertenecemos a un área de conocimiento transversal y crucial en el sistema de atención a la salud y la enfermedad, pero que tiene una cuota de poder exigua en la organización sanitaria?
Porque todos estamos acostumbrados a escuchar desde diferentes altavoces lo importante que es la ENFERMERA para la organización y su papel crucial en el tratamiento del paciente y en el mantenimiento de la salud del ciudadano. Sin duda compartimos que los cuidados enfermeros son tan trascendentes, si no más en muchos casos, como los IECA´s o los betabloqueantes para el manejo de los cardiópatas, o la insulina para los diabéticos. Una magnífica herramienta, cuya indicación o posología el borrador de decreto hace depender de “otros”.
Para el espíritu de este decreto la ENFERMERÍA es crucial y determinante para el logro de los resultados en salud, pero las enfermeras, su juicio y liderazgo, son prescindibles, pues ya hay “otros” que son invitados en él a pensar por ellas.
El Borrador abre un espacio de desarrollo sin cuotas o concesiones a aquellos que sean capaces de tomar buenas decisiones, indiferentemente de su procedencia o adscripción. Cualquier profesional del sistema puede acceder a las mayores cuotas de poder en las tomas de decisiones solo en función de su conocimiento y su peso específico en el área de conocimiento de referencia y en la organización.
Pero el problema se plantea, cuando aún siendo común la meta a todos, los puntos de partida son totalmente diferentes.
Ya desde el momento de la promulgación de la Constitución de 1978 hombres y mujeres eran iguales ante la ley, pero la objetivación de este derecho ha llevado casi 30 años y ha requerido un ministerio -lamentablemente fugaz- y el desarrollo de numerosas leyes, entre las que destacan las de Paridad.
Se requirió legislar la necesidad de la inclusión obligatoria de mujeres en los diferentes espacios de poder, desde públicos a privados, y todavía la OCDE reconoce niveles subóptimos en numerosos escenarios.
¿Es la situación de la enfermera diferente a esta realidad en la organización?. Para nada, máxime cuando el género sigue siendo una rémora intangible pero pesada.
La conformación de las UGC, sobre todo en el ámbito hospitalario, hace que la brecha “posicional“ sea insalvable. Un aserto aplicable a las UGC, dice que el líder de la UGC será en un referente del área de conocimiento sobre la que pivota la unidad. Así hemos creado UGC que iteran o continúan las sendas creadas por los Servicios estructurados desde premisas tradicionales y estáticas. Si hablamos de escenarios limitados por las palabras Urología, Cirugía, Neumología, o ejemplos más difusos como Neurociencias o Corazón, ¿quién puede ser el profesional como mayor predicamento, justificado o no, en el área de conocimiento “protagonista” de la unidad?. ¿Un profesional transversal orientado a la prestación de servicios integrados que con frecuencia se ubican en los límites de las UGC, o un especialista prestigiado y centrado en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes que esa unidad tiene históricamente asignados por patologías específicas y cuya situación preponderante en el sistema es reconocida y fomentada por la institución y la organización?.
La asimetría es cruel. Lanzarse a una carrera en estas condiciones no solo sería irresponsable sino personalmente arrasador y desmotivador.
Eliminado el liderazgo como opción solo queda el gregarismo. Usando un símil deportivo, el propuesto decreto determina a la enfermera a convertirse en gregario de lujo de una organización que no nos discrimina pero que le pone bajo un techo de cristal de enorme grosor.
En una época donde la desinversión será un mal menor y donde los espacios que hasta ahora parecían intocables como el bienestar o la equidad están amenazados, la organización ha de plantearse: Podar o Talar.
Lo primero, podar, requiere tiempo, estudio y participación. Sus resultados no son inmediatos, aunque su reacción puede ser más moderada y controlable.
Lo segundo, talar, solo requiere pulso firme y una mayoría suficiente. Los resultados son inmediatos y sus consecuencias -muchas veces dolorosas e irreversibles- también.
Lo primero requiere CUIDADO, lo segundo PODER.
Cataluña es posible que sea un laboratorio donde podamos observar con unos meses de anticipación lo que nos puede acontecer. Pero el Borrador de Gestión Clínica también es un anticipo.
La Generalitat ha aprobado una Ley Omnibus que toca más de 90 aspectos legales en la comunidad, que de un solo plumazo pretende ahorrar toda discusión y debate sobre extremos tan comprometidos como el medio ambiente o el uso privado de recursos sanitarios públicos.
El presente Borrador parece seguir esta directriz, de un plumazo redirecciona los sistemas de salud hacia un nuevo modelo -ojo, que es posible que en sus principios básicos responda a un buen modelo- pero hurtado de debates tan necesarios como el reparto de poder en la toma de decisiones en las organizaciones, o no lo olvidemos, el rol de la ENFERMERA que tan crucial es para el sistema, para el mismo sistema que en su tozuda realidad no le permite liderar ningún Plan Integral o sólo le reserva un papel testimonial en la nueva Estrategia de Crónicos de Andalucía y donde de nuevo la enfermería es calificada como piedra angular pero para la que no se ha considerado que ninguna sociedad enfermera participe desde sus inicios en la redacción del documento estratégico.
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