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Luces de Bohemia

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Luces de Bohemia (Diciembre de 2010)


Cuando una enfermera se mira al espejo de los prejuicios o se asoma al google
ve una “SEÑORITA” con cofia, minifalda y enorme escote.



Hace unos meses
la Ministra de Igualdad y hoy Secretaria de Estado de Igualdad decía en la inauguración de las Jornadas Universidad e Igualdad, que: “La Universidad es factor clave en el desarrollo de la Igualdad y la Igualdad es elemento de calidad del sistema educativo”. Seguía su alocución: “No podemos permitirnos el lujo de despilfarrar la formación y el talento de la mitad de la población porque la Igualdad además de ser justa es rentable”. Con ese espíritu, Bibiana Aido ha emplazado a seguir trabajando por la Igualdad en el ámbito Universitario, porque “aún quedan zonas de sombra”.
No se entiende pues como no ya por comisión sino por omisión, los Poderes Públicos pueden pasar por alto iniciativas que, más o menos disfrazadas, pretenden aumentar estas zonas de sombra.

Desde la perspectiva de nuestra sociedad, reflexiones como esta casan mal con algunas realidades que nos son muy próximas. Valga este testimonio que a continuación presentamos como crítica o propuesta.


Me enteré que la empresa de José Manuel Pascual Pascual S.A, ha pretendido, si no pretende todavía, abrir una Escuela Universitaria de Enfermería en Cádiz. Un centro a su imagen y semejanza donde junto a la formación académica se imprima de un carácter especial a las enfermeras que allí cursen sus estudios…y esto me hizo reflexionar.
Nací en el seno de una familia de clase media, la segunda de tres hermanos, me eduqué, además de en mi casa, en un colegio concertado. Mis profesoras, y no es un error de imprenta, pues todas eran profesoras excepto el director,…nos intentaban trasmitir una visión integradora del mundo, eran tiempos de cambio y esto parecía revolucionario.
Mi madre, hija de la postguerra, se empeñaba en hacerme entender que la “buena hija” era la que le hacía la cama a sus hermanos, y yo me rebelaba ante ese hecho; no entendía por qué ellos se iban a jugar sin obligaciones y yo, antes de ir a jugar (como dice la canción infantil, que al fin y al cabo no era más que un relato de la sociedad de la época), tenía que hacer alguna que otra tarea del hogar simplemente por ser “la niña”. Por supuesto no culpo a mi madre de intentar darme esa educación… entonces aun no se entendía la igualdad entre los sexos.

Gracias a Dios ahora hemos progresado mucho ¿verdad? Ahora enseñamos por igual a niños y niñas, ¡qué suerte vivir en esta época tan civilizada!... de igualdad, y me digo a mi misma que mis hijas no sufrirán ningún tipo de discriminación y en el caso de que así fuera serían respaldadas y defendidas por un Ministerio o una Secretaría de Estado de igualdad, ¡quién lo iba a decir!.
Realmente hemos avanzado mucho en pocos años. Claro, todo esto teniendo la suerte de que mis hijas no tengan que estudiar el día de mañana en una futurible Facultad de Enfermería gaditana adscrita a la Universidad, una Universidad plural y moderna sustentada por un Estado que posee un Ministerio de Salud, Política Social e Igualdad y una Secretaría de Estado de Igualdad liderada por supuesto y como debe ser por una Mujer. Yo le hago una pregunta Sra. Aido: ¿de verdad quiere usted que una niña de nuestro país estudie en un centro universitario en el que pueda ser OBLIGATORIO un uniforme con falda y cofia solo para las mujeres, añeja señal de servidumbre y humillación?.
¡YO NO!, ni por mis hijas ni por mi profesión, ni las Mujeres ni las Enfermeras nos lo merecemos. Con todo esto incito a la reflexión de aquel que lea estas pocas líneas.
¿De verdad ha cambiado tanto la educación? En este siglo, en el que luchamos por alcanzar la plena igualdad, nuestro gobierno no debería permitir que exista la más mínima posibilidad de que una institución Universitaria OBLIGUE, solo a las estudiantes de enfermería, a trabajar con este atuendo que a mi entender parece discriminador, insultante y vejatorio, además de poco práctico y adecuado para el desempeño de nuestro trabajo.

Hago desde estas humildes líneas un llamamiento de atención a ese Ministerio, también de Igualdad y a la Secretaría de Estado relacionada, para que no lo permita:
no a la cofia y no a la falda como distintivo profesional obligado en ningún centro de trabajo, no a la connivencia con una visión sexista de la imagen de una profesión que estudié por vocación y que me sigue pareciendo extraordinaria. Esta profesión que es la Enfermería y las muchas mujeres que trabajamos en ella pedimos RESPETO.


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