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Llegó la época del Silencio Atronador

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Llegó la época del Silencio Atronador (Diciembre de 2004)

La Enfermera del Silencio


Con el silencio convivimos, con el silencio trabajamos, el silencio no es para nosotros una realidad ni ajena ni simple. El cuidado nace de la reflexión, de la cercanía, del acompañamiento, de la Presencia. Como decía un cantaor al finado Quiñones: ”Escuchar es un arte”, y para escuchar hay que callar. Posiblemente una de nuestras más terapéuticas, y solicitadas intervenciones, sea la Escucha Activa, ese esfuerzo consciente e intencionado de dedicar un minuto total y por entero a otro, ese minuto en el que nuestro silencio, nuestra focalización nos permite entablar una relación ¡¿única?!, que convierte a nuestro cuidado en una forma de comunicación, tal vez de las más valiosas, sin, casi, intercambio fonético. Es nuestro Silencio Elocuente.
Por el contrario nuestra profesión ha recorrido otras veredas más cercanas a la mudez que al silencio reflexivo.
Un autor relataba como las enfermeras cuidaban a sus pacientes “al oído del médico”, cifraban sus esfuerzos en instilar de modo subrepticio sus juicios y apreciaciones como comentarios causales casi secretos –y a voz muy baja- junto al apéndice auricular del galeno, “este paciente no me gusta...está raro”, para que el facultativo añadiera estas pistas a su reflexión como cosa propia. El silencio de la invisibilidad, del miedo al compromiso o la decisión, esa discreción servil.
Una enfermera de los setenta recogía, con el alma ennegrecida por la indignación y la catecolaminas por las nubes, como en un pasquín de una escuela universitaria de la época, se referían de esta guisa a las cualidades de la buena enfermera:”debe alimentar, acompañar, ayudar, tranquilizar...y callar”. Decía Montaigne que abominaba de aquellos que huían de la discusión, que no le aportaba nada quien con él estaba siempre de acuerdo, es posible que el ínclito Michel, alter ego quevedesco en tierras galas, anunciara lo poco que durante años, que parecen evos, hemos aportado con este Silencio Sumiso.

Llegó la época del Silencio Atronador, debemos estar ruidosamente callados, que este silencio sea el del estudio, la comprensión y el valor añadido a un cuidado volcado por entero en una sociedad que cada vez nos necesita más. Somos con mucha frecuencia la voz del paciente, del enfermo, del anciano, del inmigrante –que a los sistemas de atención, todos acuden- del ciudadano más desfavorecido e indefenso, y somos el receptáculo de su silencio. Como decía D. Manuel Azaña:”si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar”. Que las enfermeras aprovechen este silencio para pensar y enriquecer esta profesión nuestra hermosa e ignota como la selva -y a la vez maltratada y esquilmada- para fertilizarla con aluviones de conocimiento y de práctica clínica excelente y científicamente fundada.


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