Sociedad Andaluza de Enfermería de Cuidados Críticos


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Del inconsciente colectivo. Especialidad, Grado, Prácticas Avanzadas…

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Del inconsciente colectivo (Febrero de 2011)

Especialidad, Grado, Prácticas Avanzadas… ¿son realidades alejadas de las enfermeras? ¿Es un debate para patricios y oligarquías renuentes cómodamente instaladas?

Con lo que está cayendo es fácil –y natural- pensar que pocas cosas hay más allá de la pertinaz crisis y sus consecuencias, que no por esperadas son menos dolorosa.

Con mucha frecuencia, los aspectos relacionales de la atención sanitaria, ya sean los cuidados enfermeros, la relación terapéutica médico-paciente o de cualquier otro tipo son sumamente difíciles de objetivar y medir y, por tanto, de evaluar con respecto a su eficacia, productividad o rentabilidad (Aldridge, 1994). Esto hace que se posicionen como material perfectamente desechable en momentos de rigurosidad financiera y limitación de los recursos. Cuando eso constituye el núcleo entorno al cual se articula una profesión la sitúa en una posición de mercado muy frágil (Hernández Yáñez F, 2010). Y así andamos.

No es infrecuente que cierto elitismo se deje traslucir cuando las enfermeras hablan de los Cuidados. Espacio donde se siente especie dominante –que no hegemónica- y donde su voz, con frecuencia apenas audible en otros escenarios, resuena lapidaria. Esta visión de los sabios exégetas, por desgracia, no ha dejado de teñirse de cierta autocomplacencia y endogamia -para nada exclusiva de nuestra profesión-profundamente tóxica y desestructurante.
Afortunadamente este elitismo estéril y añejo, al que solo nos asomábamos con timidez desde nuestra sureña perificidad, ha dejado paso a una realidad bien diferente.
Somos la Comunidad a la que nuestras compañeras del resto del Estado miran cuando quieren entrever un horizonte de crecimiento, y es a nosotros a los que nos toca liderar ahora a la profesión en una etapa, que si bien parece desértica, no carece de algunos oasis que no por escasos son menos importantes y prometedores.

La Tierra para quien la trabaja, y parafraseando tan libertario y rotundo adagio, el Conocimiento para quien lo usa, para quien lo incrementa y sobre todo para el que lo trasfiere a la Sociedad. Y nadie como las enfermeras para llevar la ciencia a las personas. La Enfermería es una disciplina en ebullición que ya ha abandonado la adolescencia y se interna en una juventud con un empuje que entiende mal de plazos y estrategias.

Es posible que el debate sobre la Especialidad no ocupe las horas de descanso de las enfermeras y que el concepto de Práctica Avanzada eleve más de una ceja con indisimulado escepticismo. Pero las realidades que subyacen a ambas cuestiones adoquinan la práctica clínica habitual de las enfermeras.

La realidad de que un profesional no es igual a otro, el pesar mostrado por las enfermeras en relación a que sus capacidades no son reconocidas o que siempre han de “enseñar” a nuevos compañeros o los programas de acreditación es donde las enfermeras muestran a las claras las enormes diferencias en cuanto a sus desempeños. La creación de espacios de atención muy profesional-sensible o dependientes de la persona que lo ejerce, o la necesidad de seleccionar a sus profesionales, posibilidad para algunas empresas vinculadas con el SSPA, o un perpetuo desiderátum, a veces conseguido por poderosas Unidades de Gestión, son ejemplos de lo cercanas que son estas cuestiones.

Es incontrovertible, que determinar espacios de atención caracterizados por una cartera de servicios muy específica, obliga a desarrollar los profesionales al efecto, obliga a especializar a quien lo hace. Y que el desarrollo constante de nuevos nichos de atención, que en ocasiones surgen como efecto secundario de cambios normativos y legales (la atención enfermera finalista ligada a la posibilidad de indicación y uso de medicamentos), abre campos de atención inesperados, innovadores –avanzados-, que han de ser desempeñados por enfermeras cuyos perfiles competenciales y formativos sean por ende “adelantados”.

Podemos acudir a una analogía, todas nuestras células portan la misma información genética, el mismo ADN, pero unas forman el hígado y otras la piel, y algunas –muy pocas- conservan cierto grado de polivalencia e incluso puede volver hacia atrás. Y todo ello merced a la expresión diferencial de los genes, unos actúan mientras que otros se inactivan, algunas características se acentúan y otras desaparecen. Unas células despliegan unas competencias y otras no, cuesta identificarlas como nacidas del mismo embrión. Y todo ello con una influencia pronunciada del ambiente. ¿Se parece a nuestra situación?.

Ninguna enfermera gestora de casos se levanta una mañana pensando, “¡hala!, ahí voy elevar el nivel epistemológico de mi profesión”, y no creemos que ninguna enfermera de un servicio de urgencias cuando se enfrenta al dilema de la Clasificación de Pacientes reflexione sobre el desarrollo competencial inherente a su desempeño. No lo harán, pero la percepción del profesional sobre su práctica y la del usuario sobre la respuesta que recibe es particular, muy diferente de otros escenarios.

Esa diferencia es la que subyace bajo conceptos –a veces constructos- como la EPA, la Especialidad, el Máster y multitud de espacios de formación postgrado. En un escenario de atención complejo la multiplicidad de nichos de asistencia condiciona la “especiación” de los profesionales. Al igual que en la naturaleza el éxito viene condicionado por la capacidad de aprovechar los recursos de la mejor manera y para ello es necesario diferenciarse, optar por una senda.
Esta opción, si bien es verdad que limita el campo de actuación, es una necesidad ineludible para una profesión con una profunda responsabilidad social. La capacidad para dar la mejor respuesta al Ciudadano que cuidamos pasa por desplegar una serie de competencias que, para ser excelentes, han de cultivarse. Y un profesional “cultivado” es una semilla que, gracias al rico sustrato de la atención generalista, se trasforma –con la experiencia y la ciencia- en un árbol de excelencia, cuyos frutos alimentan a los que se le acercan necesitados, y su sombra protege a otras plantas de menor porte hasta que estas puedan enfrentar al sol inclemente y al viento feroz.

Y todo ello forma parte del día a día de las enfermeras, de su inconsciente colectivo. De esa realidad tácita de la que no se habla pero que todos perciben.
Al igual que las personas no son intercambiables, no es lo mismo polivalente que multiusos… aunque algunos anden a vueltas con ello.


Aldridge, M. (1994), Unlimited liability? Emotional labour in nursing and social work. Journal of Advanced Nursing, 20(4), 722-28.

Hernández Yáñez J. La enfermería frente al espejo: mitos y realidades Documento de trabajo 162/2010.



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