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Imagen de la Enfermería en los medios de comunicación: reflejo de una realidad social

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Imagen de la Enfermería en los medios de comunicación: reflejo de una realidad social
(Marzo de 2008)


Desde el uno de enero de 2007, los ciudadanos españoles disfrutamos de la tan famosa, esperada, controvertida y no sé cuántos calificativos más, ley de dependencia, que nos acerca un poco más al nivel de derechos que ya disfrutan otros convecinos europeos.

En este primer año desde su implantación, las comunidades autónomas se encuentran todavía en pleno proceso de operativización y puesta en marcha. Muchos son los aspectos que las administraciones deben aún concretar, entre ellos, definir explícitamente quiénes deben ser los profesionales responsables de la valoración y emisión de los informes de nivel de dependencia. El hecho de que para aquellos que hemos realizado esta actividad durante años resulte obvio que los profesionales mejor capacitados y formados son las enfermeras no parece tener mucho efecto en algunas de las administraciones autonómicas. La mayoría duda aún sobre la capacidad de las enfermeras para realizar esta valoración, otras han optado, ya de forma abierta y manifiesta, por los médicos, y algunas han decidido que, con excepción de las enfermeras, cualquier otro profesional puede ajustarse más adecuadamente a este perfil evaluador.

La noticia fue publicada por el diario El País el pasado 17 de julio de 2007. En el artículo titulado Cómo se puntúa a un discapacitado, se daba cuenta de las intenciones de la Generalitat de Cataluña de adjudicar esta actividad a terapeutas ocupacionales.
Indignado, herido mi amor propio y sintiéndome profundamente menospreciado en lo profesional, escribí ese mismo día unas líneas que dirigí a la sección de Cartas al Director de este mismo diario con la esperanza de que se publicaran.

Este fue mi escrito (que reproduzco integramente):

“Cualquiera menos las enfermeras“
Tenía la sensación de que la ley de dependencia había dejado de asombrarme, aunque creo que, tal y como vamos, de lo que no carece esta ley es de capacidad de sorpresa. Sorprendido me quedé cuando, en su gestación, médicos y dirigentes políticos se apropiaron de un término al que las enfermeras llevan dando sentido científico y profesional desde hace décadas. Sorprendido también por el absoluto desprecio que, en el diseño de la ley, se tuvo a la aportación de los profesionales de referencia del cuidado y la dependencia (por si alguien no lo tiene claro todavía, las enfermeras).

Tristemente sorprendido también de que estos términos de uso ya tan común, cuidado-dependencia-necesidades, se hayan socializado y politizado lejos de quienes les dan sentido a diario (sí amigos, las enfermeras). Así que cuando ya, como les contaba antes, había perdido las esperanzas de sorprenderme de nuevo, leo en los medios que, menos las enfermeras, cualquier profesional es válido para determinar el grado de dependencia de los usuarios que deseen acogerse a la ley.
Créanme que, aunque me resisto a veces, me sigo viendo obligado a preguntarme si ustedes, ciudadanos, medios de comunicación y gobernantes, saben para qué sirve una enfermera ¿Con qué objeto invierten en nuestra formación universitaria si después no se rentabiliza? ¿Creen que esta formación nos habilita solo a ofrecer cuidados no profesionales cuando se acude a un hospital, o a engrosar la procesión que sigue a los doctores en la visita a los pacientes en las plantas de los hospitales, o a ser una de las entradas más frecuentes de EMULE? ¿Conocen alguna otra profesión universitaria a la que se le niegue su aportación al bienestar social y su capacidad en la toma de decisiones?.
Mientras sociedad, administraciones y medios de comunicación crean que los cuidados de calidad deben ser gestionados por los médicos, y la valoración de los problemas de dependencia y autonomía de la población deben ser determinados por otros profesionales, las enfermeras continuaremos estando tristemente sorprendidas, aunque no se alarmen, les seguiremos cuidando.
Gracias de antemano por su atención. Esperando sea atendida esta solicitud, reciban un cordial saludo.
Francisco Muñoz Ronda


Iluso. Tras cuatro días de espera, recibí un lacónico, aunque amable mail de contestación, en el que e leía:Estimado lector:Le agradezco el envío de su carta para su publicación en la sección de Cartas al Director. A pesar del interés de la misma, lamento que no haya sido seleccionada debido al exceso de originales que recibimos y a la falta de espacio.Atentamente. J. M., DIRECTOR

Debí suponer que los intereses de una profesión con una imagen social y mediática tan devaluada como la nuestra, incluso en los medios de comunicación más progresistas, no supondrían una prioridad, ni siquiera en la única sección que permite la opinión activa de los ciudadanos. Entiendo que si el único criterio para incluir cartas en un diario de interés nacional es el orden de recepción o la saturación del espacio asignado, el aluvión de cartas publicadas en respuesta al artículo de Rosa Montero Médicos Iracundos y Enfermos Indefensos, del 12 de julio, debieron tener el don de la oportunidad, o el de referirse a cuestiones médicas en lugar de enfermeras. En la dura competencia con temas tales como lo mal que se cena en la Carihuela (25 de julio) o el uso correcto del pretérito perfecto en inglés (30 de julio), un asunto relacionado con los intereses de la enfermería tenía todas las de perder.

Sin ánimo de centrar esta crítica en un solo medio, el hecho de que la enfermería sea sistemáticamente ignorada y su imagen distorsionada por parte de los medios de comunicación es un problema general. Desde el Center for Nursing Advocacy, Fagin, Maraldo y Mason (1) se peguntan si la imagen que los medios ofrecen de las enfermeras responde a un reflejo de la percepción de la sociedad o si ésta última construye su concepción de nuestra profesión a través de las informaciones que ofrecen los medios. No cabe duda de que los medios de comunicación, como fuente fundamental de información en las sociedades modernas, modelan de forma importante la construcción del conocimiento que los ciudadanos poseen de los diferentes colectivos profesionales, influyendo incluso en la decisión de un gran número de estudiantes preuniversitarios sobre la elección de los estudios a seguir.

Esta imagen se ha perpetuado en los medios y en la sociedad durante años. Tradicionalmente, las enfermeras han sido vistas como custodios angelicales, obesas y bigotudas capatazas, sensuales chicas fáciles o, en el mejor de los casos, asistentas el doctor (2). En este papel, los medios han potenciado el perfil de la profesional que realiza tareas rutinarias de importancia limitada, siempre bajo la supervisión de una mente más diestra y capaz, siempre dispuesta a obedecer, anhelando y lamentándose eternamente de no haber sido médico y condenada a ser lo que es.
Para Hughes (1980) (3), y Kalisch y Kalisch (1983) (4), la perpetuación de este modelo tiene dos consecuencias trascendentales: por un lado, la autoimagen de los profesionales de enfermería se ve afectada, comprometiendo la confianza en sí misma, la capacidad de superación y sus valores. Por otro lado, dado que los ciudadanos son al mismo tiempo consumidores de medios de comunicación y de servicios de salud, el rol presente y futuro de las enfermeras puede verse seriamente comprometido por una demanda pública construida artificiosamente bajo la influencia de los medios. ¿Lo dudan?, lean por curiosidad The European Patient of the Future (5), texto que recoge los estudios de opinión realizados en ocho países europeos sobre diversos aspectos de las instituciones sanitarias, desde la calidad de la información hasta la percepción de los roles profesionales. Preguntados los encuestados por este último aspecto, polacos, suecos y británicos coincidieron en valorar muy positivamente a las enfermeras, considerando que un aumento en sus competencias beneficiaría enormemente a los usuarios y la los sistemas de salud. Sin embargo, los encuestados de Eslovenia, Italia y –sorpréndanse- España, confesaron mostrarse en desacuerdo con elevar las responsabilidades profesionales de nuestra disciplina, considerando que su escasa formación la deshabilita para tal promoción.

Las enfermeras venimos demandando durante años una mayor cuota de participación en la oferta de los servicios de salud, a través de un aumento de presencia en los entornos clínicos, de la toma de decisiones y de la asunción de responsabilidades; nuestra convicción y la evidencia científica disponible apoyan nuestra reivindicación. Sin embargo ¿desean realmente los usuarios españoles que las enfermeras que los cuidan aumenten sus responsabilidades y competencias? ¿Admitirán nuestros pacientes de buen grado que seamos nosotras quienes evaluemos su nivel de dependencia, prescribamos su medicación o tomemos decisiones clínicas que afecten a su salud, sin la supervisión de otro profesional?

Tengo la impresión de que sin una firme decisión para mejorar la imagen de nuestra profesión, cualquier demanda dirigida a un aumento de las competencias y responsabilidades profesionales carecerá de éxito. Restaurar y mejorar la percepción que las enfermeras merecen debe convertirse en una de nuestras prioridades. La demanda de la igualdad académica e investigadora, la base científica del cuidado, la determinación por la demanda de mayor responsabilidad y la denuncia de la desigualdad ante los medios de comunicación serán instrumentos útiles para este propósito.


Una última súplica, casi una necesidad: lean a Bernice Buresh y Suzanne Gordon, periodistas que han investigado y escrito durante años sobre la imagen social y mediática de las enfermeras. En sus textos encontrarán las claves y soluciones para alcanzar la imagen y el prestigio que merece nuestra profesión. Sus libros From Silence to Voice y Nursing Against the Odds deben ser textos de referencia, casi tablas de la ley, para nuestra promoción mediática y social. Espero que, con decisión de cambio y compromiso de todos, podamos dejar de leer en los diarios artículos sobre Planes de Cuidados Paliativos (Morir sin Dolor y con Dignidad, el País, 10-VII-2007), o la Importancia de los Cuidados (El médico Paciente, el País Semanal, 16-IV-2006), sin que en ninguna de sus líneas se lea la palabra Enfermera. Lean también los interesantes editoriales de Jesús Rubio Pilarte (6) y María Elena González-Iglesias (7). Ambos ofrecen una perspectiva brillante sobre la necesidad de promoción de la imagen de nuestra profesión.

Y una última reflexión, puro darwinismo: cambien para sobrevivir.



Francisco José Muñoz Ronda
Enfermero. Antropólogo. Socio de SAECC. Director de la Revista Internacional Tempus Vitalis (SAECC).



Bibliografía:
(1) Fagin C, Maraldo P, Mason D. Even if mass media ignore nursing, or present it inaccurately, how can that possibly affect nursing in real life? The Center for Nursing Advocacy. Disponible en: http://www.nursingadvocacy.org/faq/media_affects_nursing.html
(2) Bridges JM. Literature review on the images of the nurse and nursing in the media. Journal of Advanced Nursing 1990; 15(7): 850-854
(3) Hughes L. The public image of the nurse. Advances in Nursing Science 1980; 2(3): 55-72
(4) Kalisch BJ, Kalisch PA. Improving the image of nursing. American Journal of Nursing 1983; 83(1): 48-51
(5) Coulter A, Magee H. The European patient of the future. Open University Press 2003. Maidenhead, UK
(6) Rubio Pilarte J. ¡Por favor, una enfermera! Enfermería Clínica 2006; 16(4): 169-171 (7) González-Iglesias ME. La imagen social de la enfermería y los medios de comunicación. Enfermería Clínica 2006; 16(6): 350-251

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA DE B. BURESH Y S. GORDON
(1) From silence to voice. What nurses know and must communicate to the public. ILR Press. 2006, Ney York
(2) Nursing against the odds. How health care cost cutting, media stereotypes, and medical hubris undermine nurses and patient care. Cornell University Press
(3) Subtle self-sabotage. American Journal of Nursing 1996; 96(4): 22
(4) Sounding the alarm. American Journal of Nursing 1996; 96(6): 21-22
(5) Nurses and public communication: protecting definitional claims. Journal of Nursing Management 2004; 12(4): 273-278
(6) Publicizing nursing research. American Journal of Nursing 1996; 96(10): 62-64
(7) Speak up speak out: taking on the TV shows. American Journal of Nursing 1995; 95(11): 18-20
(8) Speak up speak out: nursing in he right words. American Journal of Nursing 1995; 95(3): 20-22


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