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Con el Plan Estratégico 2013 - 2015  desde la SAECC iniciamos un nuevo ciclo orientado hacia el desarrollo y fomento de asociaciones estratégicas, la exploración y desarrollo de herramientas educativas esenciales para la práctica clínica, el fomento de la participación de sus socios a través de grupos de desarrollo y redes sociales, la promoción de la práctica clínica basada en las mejores evidencias y la promoción de una cultura de seguridad del paciente en los contextos clínicos.

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EL ETERNO RETORNO DE LO IDÉNTICO

A vueltas con la atención urgente

Sin adentrarnos en complejas elucubraciones existencialistas, podríamos afirmar que si damos siempre las mismas soluciones –insatisfactorias- a problemas persistentes, estos no harán sino retornar una y otra vez, sin solución de continuidad o fatiga. Y esto es lo que ocurre en nuestros Servicios de Urgencias de manera cíclica cuando los fríos arrecian…y a veces incluso sin ellos. Con precisión estacional nuestro Sistema Sanitario Público trata de gestionar un problema crónico con enorme repercusión clínica, social y mediática. Y en este intento se hace aún más visible que la capacidad de resolución demostrada por nuestros actuales modelos de práctica clínica frente a los procesos crónicos es manifiestamente mejorable, cuando no decepcionante.

 

Y eso que el marrajo es sobradamente conocido y se le ve venir. Cuando nos enfrentamos a la “saturación de los Servicios de Urgencias” nos encontramos ante una realidad tan absolutamente predecible que todo lo que se desencadena, más que noticias de actualidad parecen un “Deja Vu”.

 

Y para ello no tenemos por qué acudir al reciente estudio presentado por la Defensora del Pueblo, ni a los informes que anualmente su homólogo realiza en nuestra comunidad autónoma. Simplemente podríamos retrotraernos a pretéritas iniciativas finiseculares que se referencian con pertinacia. Tal vez la más conocida sea el Informe del Defensor del Pueblo de 1989, donde se analizaba la problemática de la relación de la Ciudadanía con los Poderes Públicos en todos sus aspectos, y donde la Salud y específicamente la provisión de servicios en Urgencias tenían un espacio nada desdeñable. Sin tratar de citar textualmente, en el informe se señalaban aspectos determinantes de abordaje inmediato: el papel de la Atención Primaria, y en general la mejora en la accesibilidad a los Servicios de Salud, la Educación Sanitaria, la dotación de recursos y su distribución basada en una gestión proactiva, la coordinación interprofesional, el abordaje de las personas con necesidades especiales, la humanización de la atención y, en general, todos los aspectos que desde esa época se han convertido en constantes –o por desgracia tópicos- en cualquier informe al respecto.

No podemos pasar por alto que el informe del Defensor de Pueblo Andaluz de 2012 ya relata las terribles carencias relacionadas con la atención a pacientes paliativos en los Servicios de Urgencia, y señala el fracaso a la hora de garantizar una atención integral a estos pacientes.

 

Quien no ha sentido la tentación de pensar, e incluso decir “si a mí me dejaran arreglaba las Urgencias de una vez”.

 

Los problemas son conocidos, el uso de las Urgencias como espacios destinados a facilitar la homeostasis del centro –es decir para enjugar cualquier carencia de espacio disponible-, su utilización como una suerte de “ventanilla única” sanitaria con accesibilidad plena que cubre las desviaciones del sistema. Sin olvidar su posición estratégica en la formación de Residentes de las diversas áreas de conocimiento, lo que con frecuencia genera circuitos aberrantes de traslación de asistencia y responsabilidad. Hay que destacar también la relación asimétrica entre los diversos profesionales, lo que con frecuencia ubica a los responsables de urgencias gestionando situaciones complejas para las que tienen escasa capacidad de decisión. Y, por último y no menos importante, un modelo de práctica orientado hacia lo agudo, lo incidental o intermitente, donde la integralidad y la continuidad no se considera un valor trascendente y donde las necesidades del paciente, su dependencia o fragilidad quedan sepultados bajo estrategias diagnósticas y terapéuticas muy discutibles que con frecuencia deberían priorizarse en un segundo plano.

 

Pero si los problemas son conocidos, no lo son menos las repetitivas respuestas puestas en marcha hasta ahora: la tendencia al “gigantismo de las urgencias” que ahonda la brecha de efectividad, la gestión al día, las medidas desesperadas destinadas a liberar espacios alternativos que son consumidos instantáneamente (de acuerdo a la ley “universal” de ocupación total del espacio) y que conducen invariablemente al hacinamiento, la deshumanización y el alienamiento profesional. Estas medidas cortoplacistas, por muchos presentadas como inevitables, no generan modificaciones sistémicas que provoquen cambios permanentes. Y lo peor, más parecen actos reflejos lanzados a escena con una limitada reflexión.

 

Estamos seguros, que es imposible que a nadie se le oculte que el abordaje de las urgencias debe ser integral. Ninguna área tan diversa y transversal, en la que convivan niveles asistenciales, circuitos de provisión, y en la que cualquier iniciativa se prueba en las peores circunstancias. ¿Quién puede creer que su visión es la única o predominante? La actitud prometeica de portar la luz del conocimiento a aquellos que ciegos caminan por la senda de esas Urgencias -que recurrentemente les acogotan y los desnudan ante los medios-, con ser una hermosa hipérbole, es una falacia insostenible. Para abordar un escenario caótico –pero previsible, el caos tiene sus leyes- donde parece que las soluciones sencillas fracasan y los mesías son apedreados, solo la participación de todos puede abrir una rendija a la cordura. Sólo desde una nueva óptica en la que todos los actores participen paritariamente y donde las ideas se valoren por lo que aporten y no por quien las presente, permitirá caminar con audacia en una senda innovadora para que los informes de 1989 sean un espejo con el que compararse y no una realidad que soportar.

 

Lo que la realidad está planteando, lo que la Ciudadanía está pidiendo y necesitando es un cambio de modelo de práctica clínica en urgencias que eleve el valor añadido de la asistencia en estos escenarios, module proactivamente sus circuitos de atención, incremente su sensibilidad hacia las personas con procesos crónicos, hacia los frágiles y vulnerables, y que, en general, amplíe o “gradúe” la visión de estas áreas de provisión asistencial para que aborden los problemas que crónicamente subyacen y que agudamente aún hoy abordamos de la misma manera y con la misma ineficiencia desde el fin del siglo pasado.

 

05/02/2015

Página Actualizada el 05/02/2015

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